martes, 24 de febrero de 2026

ASESINATO DE NISMAN: Viviana Fein al banquillo


La ex fiscal Viviana Fein se sienta ante el juez Julián Ercolini para responder por su actuación en la escena del crimen de Alberto Nisman. Pero no nos engañemos: lo que se juzga aquí, aunque sea de manera indirecta, es la maquinaria de poder que operó durante el kirchnerismo para garantizar que la verdad muriera junto con el fiscal.

Los hechos son tozudos y, contra ellos, chocan todos los relatos oficiales que durante años intentaron minimizar, desviar o directamente enterrar lo que ocurrió aquel 18 de enero de 2015. Nisman apareció muerto en el baño de su departamento de Puerto Madero con un disparo en la cabeza. Tenía 51 años. Y cuatro días antes había hecho algo que, en la Argentina de entonces, resultaba sencillamente inaceptable para el poder de turno: se atrevió a denunciar a Cristina Fernández de Kirchner por encubrimiento agravado del atentado a la AMIA .

Ahí radica la clave de todo este horror. Nisman cometió el imperdonable pecado de señalar con nombre y apellido a la cúpula del gobierno que, según su investigación, había negociado en secreto con Irán para dotar de impunidad a los prófugos iraníes acusados de volar la mutual judía en 1994, causando 85 muertes . El fiscal había destapado la olla podrida de un Estado que, en lugar de buscar justicia para las víctimas del terrorismo, prefería cerrar acuerdos comerciales con los sospechosos.

Y entonces llegó la muerte. Y con ella, la chapuza.

La escena del crimen: un desierto de pruebas



Lo que ocurrió en las horas posteriores al hallazgo del cuerpo de Nisman es, sencillamente, una de las páginas más vergonzosas de la historia judicial argentina. El dictamen del fiscal Eduardo Taiano no deja lugar a dudas: existió un "plan criminal" destinado a "desviar la atención de la hipótesis homicida" . Y para eso, el primer paso era garantizar que la escena del crimen quedara reducida a un escenario donde cualquier evidencia sería imposible de recuperar.

Las cifras son elocuentes: más de 80 personas desfilaron por el departamento de tres ambientes antes de que se realizara un mínimo relevamiento de pruebas . Funcionarios, peritos, personal de seguridad sin la vestimenta adecuada, curiosos con poder. El prestigioso perito Osvaldo Raffo describió aquello como el paso de "una manada de búfalos" . No se encontró ni una sola huella dactilar de Nisman. En cambio, apareció la de un agente de la Prefectura que custodiaba el lugar.

Y mientras todo esto ocurría, mientras las pruebas se diluían entre la incompetencia y la deliberada negligencia, alguien desde el poder debía estar respirando aliviado. Porque sin pruebas, sin escena preservada, sin rastros que seguir, la investigación de un asesinato se convierte en un laberinto sin salida.

La entonces fiscal Viviana Fein era la directora del procedimiento . Sobre ella recaía la responsabilidad de acordonar el lugar, restringir el acceso, preservar cada indicio. No lo hizo. O no pudo hacerlo. O quizás, sencillamente, cumplía con un libreto que no estaba escrito pero que todos en aquellos años entendían: al kirchnerismo no se lo toca.

El memorando: la prueba del delito

Conviene no perder de vista el bosque por mirar solo el árbol de la muerte. Nisman había presentado una denuncia de 289 páginas donde detallaba, con escuchas telefónicas y pruebas documentales, la existencia de un plan delictivo orquestado desde la Casa Rosada . El objetivo: limpiar el prontuario de los iraníes buscados por Interpol a cambio de petróleo y acuerdos comerciales.

Las claves de esa denuncia son devastadoras. El ex canciller Héctor Timerman manteniendo reuniones secretas en Siria con su par iraní. El prófugo Mohsen Rabbani, uno de los acusados por el atentado, recibiendo reportes telefónicos sobre los avances de las negociaciones . El memorando de entendimiento con Irán, presentado en sociedad como un instrumento para destrabar la investigación, cuando en realidad era el certificado de defunción de cualquier posibilidad de juzgar a los responsables.

Nisman lo había descubierto todo. Y por eso, cuatro días después de presentar la denuncia, apareció muerto.

La respuesta del poder: silencio, operaciones y lawfare invertido

La reacción del kirchnerismo y sus adláteres ante la muerte de Nisman merecería un capítulo aparte en cualquier manual sobre cinismo político. Mientras el cuerpo aún estaba caliente, desde el gobierno se apresuraron a instalar la hipótesis del suicidio. Cristina Kirchner lo escribió en una carta pública: Nisman había sido "inducido" a matarse, víctima de "manipulación" por parte de los servicios de inteligencia que él mismo dirigía.

Pero cuando las pruebas comenzaron a acumularse en sentido contrario, cuando los peritajes de Gendarmería en 2016 determinaron que "habrían participado terceras personas ajenas a la víctima" , cuando la Cámara Federal confirmó en 2018 que se trató de un homicidio , entonces la estrategia cambió. Ya no era suicidio, pero tampoco había sido el kirchnerismo. Ahora la culpa era de "factores de poder", de "sectores golpistas", de "la derecha" que quería usar el cadáver de Nisman para derribar al gobierno.

El problema es que los hechos insisten en no plegarse al relato. La causa por la denuncia de Nisman, después de años de chicanas y archivos injustificados, ha resucitado. En diciembre de 2024, la Corte Suprema confirmó que Cristina Kirchner debe ir a juicio oral por el encubrimiento del atentado a la AMIA . Han pasado diez años desde la denuncia, casi once desde el atentado. Pero la justicia, aunque tarda, a veces llega.

Fein y la coartada perfecta

Volvamos a Viviana Fein, sentada esta mañana ante Ercolini. Su defensa ha argumentado que ella solo cumplía con su deber, que no hubo dolo, que las irregularidades fueron producto del caos propio de una escena compleja. Pero la acusación es demoledora: "Se llevaron a cabo cientos de diligencias sin el más mínimo control" . Y lo que es peor: la fiscal "no tomó medidas para revertir" la "situación de descontrol" .

¿Negligencia? Quizás. Pero también hay que preguntarse: ¿a quién beneficiaba ese descontrol? La respuesta es única y excluyente: beneficiaba a quienes tenían algo que temer de una investigación prolija sobre la muerte de Nisman. Y esos eran, precisamente, los mismos que aparecían en su denuncia.

Sergio Berni, entonces viceministro de Seguridad de Cristina Kirchner, llegó a la escena del crimen y luego declaró que se encontró con un "escenario caótico" . Pero en lugar de ordenar el desalojo del departamento y garantizar la cadena de custodia, se sumó al espectáculo. Berni también está imputado, pero su figura es apenas una pieza más en un engranaje mucho mayor.

Conclusión: la deuda con Nisman y con la verdad

Alberto Nisman cumplió con su deber. Denunció lo que sus investigaciones le indicaban, a sabiendas de que se enfrentaba al poder más aplastante que haya tenido la Argentina en décadas. Pagó por ello con su vida. Y luego, su muerte fue utilizada, manipulada, ninguneada y finalmente enterrada bajo montañas de burocracia, incompetencia y complicidad.

Hoy, la indagatoria a Fein es un paso necesario. Pero no es suficiente. Mientras no se sepa quién apretó el gatillo, mientras no se identifique a los autores intelectuales del crimen, mientras los responsables políticos del encubrimiento sigan gozando de impunidad, la herida de Nisman seguirá abierta.

El kirchnerismo construyó un relato de derechos humanos, de memoria y justicia. Pero cuando se trató de investigar el atentado más sangriento de la historia argentina, cuando se trató de proteger a los amigos iraníes que le vendían petróleo, cuando se trató de silenciar a un fiscal que se atrevía a decir la verdad, ese relato se desmoronó como un castillo de naipes.

Lo que quedó fue esto: una escena del crimen devastada, pruebas perdidas para siempre, cómplices en lugares clave y una sociedad que aún espera respuestas. La indagatoria de Fein no es un ajuste de cuentas político. Es, sencillamente, el mínimo acto de justicia que le debemos a un hombre que murió por hacer su trabajo.

ASESINATO DE NISMAN: Viviana Fein al banquillo

La ex fiscal Viviana Fein se sienta ante el juez Julián Ercolini para responder por su actuación en la escena del crimen de Alberto Nisman. ...